lunes, 7 de marzo de 2011
Dios, tu dulce consuelo, tu valiente defensor
Me hallé preso del miedo y del temblor; mi esqueleto entero se sacudía (Job 4:14) Salvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello (Salmo 69:1) Pocos son los días y muchos los problemas (Job 14:1) Los impíos me asechan para destruirme (Salmo 119:95) Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda (Salmos 28:2) ¡Señor, ayudame! (Mateo 15:25) "Yo mismo iré contigo y te daré descanso" respondió el Señor Exodo 33:14) Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tu estas a mi lado; tu vara de pastor me confortará Salmos 23:4-5) En su angustia clamaron al Señor y él los salvo de su aflicción. Los saco de las sombras tenebrosas y rompió en pedazos sus cadenas (Salmos 107:13-14) Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha las sombras ni la plaga que destruya al medio día. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará (Salmo 91:3-7)
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